The Furious: El cine de Hong Kong siempre ha sido sinónimo de acción y artes marciales, y esta película hace honor a esa tradición desde el comienzo. Mantiene el interés durante toda su duración, con un ritmo dinámico y buenas escenas de acción.
La trama muestra a Rainy, una joven que es secuestrada por una organización dedicada a la trata de personas y la prostitución. Su padre, Wang Wei, un simple plomero hasta ese momento, pero experto en artes marciales, se convierte en el arma perfecta para intentar detenerlos. Sin embargo, sus esfuerzos se ven obstaculizados desde el principio, ya que la policía se niega a ayudarlo.
En su búsqueda por encontrar a los captores de su hija, Wang Wei se cruza con Navin, esposo de una periodista también desaparecida mientras investigaba la desaparición de varios niños. Ambos unirán fuerzas para descubrir qué se esconde detrás de estos secuestros. Con algunos giros un tanto predecibles, la cinta se convierte en la excusa perfecta para demostrar las habilidades de Wang Wei, quien, sin pronunciar una sola palabra —es mudo—, golpea a diestra y siniestra en su búsqueda desesperada por encontrar a su hija.
Las coreografías de lucha están muy bien logradas y varias de ellas resultan bastante originales, tanto por la forma en que se desarrollan como por los objetos utilizados durante los enfrentamientos. Sangre, huesos quebrados, balaceras, flechas, machetes y un largo etcétera desfilan por la pantalla sin ningún tipo de tapujos. Su director, Kenji Tanigaki, nos hace recordar por momentos las películas del gran Tony Jaa, tanto por las destrezas de su protagonista como por la brutalidad con la que elimina a sus contrincantes, impregnando a la película de toda esa furia que su título sugiere
El final, sin ser del todo original, introduce un leve giro que logra cerrar la historia de manera efectiva.
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