La Muerte de Robin Hood: Por muchas décadas, la leyenda de Robin Hood, se ha mostrado como el defensor del pueblo, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Mas en esta producción, la historia se cuenta de una manera muy diferente, dejando al valiente y filántropo de Robin Hood, como un ladrón, un salvaje, un pendenciero.
Hugh Jackman, nos muestra un Robin desgarbado, un forajido, en el ocaso de su vida, en el que cada paso que se da es un acercamiento al final de su vida. La primera parte de la película, esta magistralmente llevada, con un tono frio, sucio, tosco, mostrando la debacle moral que lo ha llevado a ese momento en específico. Muerte y sangre se ven sin contemplación de edad ni género, acrecentando aún más ese tono sombrío, que se refleja en la excelente fotografía (Pat Scola), de la película, dándole por momentos un aire casi vikingo por las texturas que se reflejan. Robin y su amigo el Pequeño John, dan rienda suelta a su violencia, que los dejan a maltraer, por lo que huyen y buscan refugio en un convento, en el cual Robin es dejado. Desde este punto, la película cambia de rumbo y se convierte en el camino hacia una redención que Robin Hood nunca solicitó, pero ante la cual deberá decidir qué hacer.
El proceso que se inicia desde ahí escarba en cada una de las heridas provocadas por años de pillerías, asesinatos y maltratos. El peso de sus actos lo oprime y lo consume lentamente, mientras titubea ante cuál podría ser la salida más acorde con aquel momento de su corrompida historia.
Con apenas su vida a cuestas, el final parece claro: las leyendas se construyen así, sobre una realidad que no siempre es precisa, que exagera, omite y esconde sus pasajes más sórdidos para dejar entrar un rayo de luz allí donde, muchas veces, jamás lo hubo.
Michael Sarnoski, su director (Quiet Place Day 1, Pig), nos presenta una película que mantiene el interés en todo momento, que decae en cierto punto, cuando la claridad se hace presente y borra un poco la penumbra del inicio, pero que muestra el otro lado del héroe, cosa que ya ha mostrado Hugh Jackman anteriormente (Wolverine) y que de pronto recuerda al Luchador (Mickey Rourke).

